El Obradoiro de Martina

Es difícil contar quién es Martina por la complejidad de  trasmitir toda su esencia, pero sirva decir que esta artesana palmera, licenciada en Bellas Artes y llegada siete años atrás desde Santiago de Compostela, ha logrado conjugar a la perfección la innovación en tiempos de crisis, la emprendeduría surgida desde una inversión mínima de 60 euros -con los que compró las telas del primer vestido que vendió cruzando los dedos para que se lo pagaran-  y la defensa de una tradición milenaria como la artesanía, ligada inapelablemente a La Cultura en mayúsculas.

El Obradoiro de Martina es como la propia Martina: cálido, envolvente, familiar. Esta mujer de 37 años, de huesos largos y mirada intensa bajo una melena negra, recogida siempre en la nuca, está convencida de que puede contribuir a convertir el mundo en un lugar mejor desde su modesto taller.

Martina es una madre artesana, una modista heredera de la pasión de su abuela Carmen por la costura y el buen hacer del sastre. Autora de verdaderas obras de arte hechas a mano que cobran vida en cualquier prenda de vestir que elabora en su taller, repleto de telas, dibujos infantiles de sus dos pequeños hijos, Jorge y Carmen, con olor a pan, bizcochos, leche caliente y tiza.

Gracias a su proyecto, que ya ha cumplido un año de vida, los bordados y cisnados de artesanas palmeras que durante décadas han colgado de las paredes de salones en cualquier zona rural de La Palma, han vuelto a respirar como parte imprescindible de vestidos únicos que corta y cose por encargo sumándoles el valor del minucioso trabajo de las bordadoras, cada vez más convencidas de que deben dejar atrás la idea de que “no compensa”. Martina quiere convencer al sector, del que forma parte oficialmente desde hace un par de meses con su carnet oficial de modistería, de que “el individualismo no cabe en la artesanía”.

Lucha cada día y delante de quien quiera oírla, contra el desprestigio que sufre el sector artesano, el familiar pobre en una cultura cada vez más globalizada. Lo consigue. En su obradoiro, Martina realiza de un modo sencillo, pero al mismo tiempo formidable, una labor divulgativa cuyos precedentes abría que buscarlos décadas atrás, en los talleres de costura palmeros o gallegos, lo mismo da.

Casi cada día de cada semana recibe a las que llama sus “invitadas” una mujer cualquiera que quiere coser y a la que ayuda gratuitamente y que termina convirtiéndose en una de tantas personas que, sin necesidad de excusas, coge la guagua o el coche para irse hasta la Calle El Socorro número 128 A, en Breña Baja, y pasar un rato entre telas, jabón de sastre, cintas métricas para coser, crear, pensar, hablar.

Martina consigue su sueño: “Soy feliz trabajando, puedo estar junto a mis hijos y sin tener que llegar a una ruptura familiar cada día, renunciando a educarlos, a criarlos”. Asegura que “mi compañero y yo hemos conseguido unir las piezas del puzzle de un modo perfecto, sin pedir favores, sin agobios. Veo crecer a mis hijos y ellos ven como yo crezco”.

Fuente: www.lapalma.diariodeavisos.com

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